31 años no es nada… Septiembre de 1980, comienza el curso y en el aula de la derecha del antiguo grupo escolar, hoy Casa de la Cultura, nos reunimos por primera vez el claustro, en su mayoría joven y recién llegado a la localidad e intercambiamos las primeras impresiones. Tras un arduo debate, que duró más de una sesión, finalmente, salimos con nuestros grupos y nos ubican en el castillo. Desde ese momento empieza una amistad con los defectos y virtudes que tienen todas las amistades. Y, llegados a este punto, es preciso darse cuenta de lo curiosa que es la vida: Una serie de personas, desconocidas entre sí, con diferentes orígenes, formación, edades, aspiraciones y experiencias, coinciden en un centro, conviven, colaboran, discrepan, discuten, hablan, dialogan y con ello, en una palabra, se influencian recíprocamente de modo irreversible y permanente. Ninguna de nuestras vidas es ahora la misma que antes de entrar en la enseñanza. Y ello no se debe a los papeles o a las máquinas o a ...
Arjonilla, sus gentes y yo