Ha llegado el momento de escuchar con atención a nuestro pregonero y para presentarlo Loles Serrano Gámez portavoz y Presidenta Provincial del Foro Español de la Familia en Jaén
Buenas Noches:
EFECTIVAMENTE, a mi me toca presentar a Benigno Blanco Rodríguez.
Cuando Aurelio me llamo para decirme que lo presentara, no lo dude, me lo pusiste por un lado difícil y por otro fácil, difícil porque presentarlo bien es complicado, por su extraordinaria trayectoria profesional que es inmensa, grandísima, por la cantidad de experiencias, matices que su vida, tanto personal como profesional tiene, sin embargo, pensé que era fácil porque es presentar a un amigo. Benigno no es sólo amigo mío desde hace muchos años, sino, por supuesto, de todos los presentes.
Por qué digo esto, porque lleva muchísimos años peleando, defendiendo los valores de la familia en la sociedad, defendiendo la vida, la libertad, la educación y por eso, precisamente, creo que es amigo de todos los que estamos aquí, además de esto, Benigno, que es asturiano, está casado, con Loli que, desde luego, siempre he pensado que es el secreto de su éxito personal y profesional, porque realmente tiene que haber una persona detrás para alentar, ayudar y aguantar con tanta paciencia la dedicación que hace a todas las familias de España, tiene tres hijos y fundó la Asociación Asturiana en Defensa de la Vida, es asesor jurídico de la Federación de Asociaciones pro-vida, por supuesto es presidente del Foro Español de la Familia Imagino que todos ustedes conocerán lo que es el Foro Español de la Familia es una organización, una entidad que aglutina a más de cinco mil asociaciones que trabajan en defensa de la familia, de la vida, de la educación y, ahora mismo estamos inmersos en plena campaña en defensa de la vida, bajo el nombre de “Su vida es tu vida” para defender al niño que va a nacer y también para defender a esa madre, para que no se sienta sola ante un embarazo difícil o complicado.
Cuando Aurelio me dijo que Benigno venía a dar el pregón Eucarístico pensé: ¡Qué coincidencia! Estamos inmersos en plena campaña en defensa por la vida y precisamente, el pregón que va a pronunciar Benigno, esta noche, es precisamente un pregón eucarístico que es para todos los católicos: esa VIDA con mayúsculas. Nada más, sin más preámbulos doy paso al pregonero, Don Benigno Blanco Rodríguez (Aplausos).
Autoridades eclesiásticas, responsables de la Adoración Nocturna, mi presentadora Loles, saludos a todas las secciones de la Adoración Nocturna aquí presentes y de manera muy especial a la sección de Arjonilla que celebra sus cien años, y quisiera empezar con un “gracias”, gracias a la sección de Arjonilla, por llevar ya un siglo acompañando a Jesús Eucarístico. Se dice pronto, cien años velando en las noches, haciendo compañía al que se ha quedado sólo por amor a todos nosotros, probablemente, esto mismo, por lo que yo le doy las gracias, acompañar a Jesús Sacramentado, noche tras noche, año tras año, durante un siglo, sería algo por lo que mucha gente en nuestro país y en todo el mundo hoy les consideraría locos. Personas que salen de su casa al caer la noche, por turnos, para encerrarse en un sitio solitario a hacer compañía a un trozo de pan, ¿verdad qué puede parecer una locura? Es cuestión de fe, si uno sabe quién está en la Eucaristía, la Adoración Nocturna no sólo tiene todo el sentido, sino que es una maravilla. Si uno no sabe quién está en la Eucaristía, es de locos lo que hacemos al adorar, pero tenemos la suerte, y es una suerte, porque la fe es un regalo de Dios, de saber quien está en la Eucaristía, está una persona muy concreta, no una idea abstracta, una entelequia, está Jesús de Nazaret, está el hijo de María, el artesano de Nazaret, el que paseo por las tierras de Palestina, manchando sus sandalias de polvo hace dos mil años, la segunda persona de la Santísima Trinidad, hijo de María e hijo de Dios, el que murió en la Cruz, entre la cobardía de Pilato, el abandono de sus amigos y las acusaciones injustas de Caifás y otros personajes de la época. Ese mismo, con su personalidad, con su carácter divino y humano, con su cuerpo, con su sangre, con su alma y con su dignidad es el que nos acompaña y nos espera en la Eucaristía y, además, se quedó ahí por amor y es fácil de entender cómo se le ocurrió a Dios la idea de la Eucaristía, toda la historia del cristianismo es una historia de enamoramiento, Dios que se enamora de la pobre criatura humana, que la persigue, la acompaña, la corteja y cuando tiene problemas con el pecado, viene a resolverlos con la Cruz y nos quiere seguir acompañando, sabe que si nos deja solos realmente no podamos conseguir lo mejor de nosotros mismos y por eso, cuando culminando el plan de su vida en la tierra tuvo que irse al cielo para cumplir la voluntad del Padre, Jesús de Nazaret quiso quedarse, que es lo que nos suele pasar a todos cuando por razones de trabajo, o del tipo que sean, tenemos que alejarnos de las personas que queremos, de nuestros hijos, de nuestro marido o de nuestra esposa. Nos gustaría ir y quedar, marchar porque no queda otro remedio y seguir a su lado y Dios, que puede más que nosotros, puede hacer las dos cosas, puede irse, y se fue, al cielo y, a la vez, puede quedarse y se quedó allí en la Eucaristía, y se quedó para querernos y para que le queramos.
A veces podemos pensar en Jesús en la Eucaristía como algo pasivo. Él está ahí y nosotros vamos a buscarlo, ¿no es así?, Él está activo, terriblemente activo, está queriéndonos continuamente, es un volcán de amor en actividad permanente, se oculta tras la apariencia del pan, pero está queriéndonos con locura y, a veces, en nuestro atolondramiento humano, incluso los que sabemos que está ahí y quién es, nos empeñamos en decir cosas, repetir frases en reiterar liturgias hechas y a veces ni le escuchamos, luego nos damos cuenta de que está ahí porque nos quiere, porque quiere hablarnos, porque quiere acompañarnos, porque quiere compartir con nosotros y que compartamos con Él nuestras penas, nuestras alegrías, nuestras esperanzas, nuestras frustraciones, nuestros miedos, nuestras ilusiones, y eso es lo que hacéis de una manera especial los adoradores. Sustituirnos a todos los demás, que a veces, por pereza, por agobio, por no parar necesariamente quizás no nos acercamos tanto a hacerle compañía y vosotros le hacéis, en nombre de todos, esa compañía que Él quiere, porque se ha quedado para eso, para acompañarnos y para que le acompañemos, para querernos y para que le queramos.
Por eso, cultivar la fe en la Eucaristía es esencial, hoy como siempre; volver a pensar una vez y otra en pedirle a Dios que nos reafirme en nuestras convicciones, que ahí, en la Hostia Santa nos espera Él mismo, el que nos quiere, que dio la vida por nosotros el que se fue y se quedó para que no le sintamos lejano, el que está siempre pendiente de que vayamos a verle, para que compartamos como amigos con Él todo eso que llena nuestra vida, todo eso que llena de angustia nuestro corazón, todo lo que nos preocupa. ¡Qué gozada es estar con Él!
A poco que leamos los evangelios conocemos mucho más como es, para eso vino a la tierra, para que le conociésemos, para que la idea de Dios no nos quedase abstracta, sino que se encarnase en un ser humano concreto: en Jesús de Nazaret. Y leyendo el evangelio sabemos que era una personalidad muy atractiva. Los niños se acercaban a Él, y los niños no se acercan a personas tristes y serias, se acercan a quienes son humanamente atractivos, alegres. Por eso sabemos que Jesús lo era y la gente que lo conocía y escuchaba quedaba encandilada, embobecida con Él, y le seguían durante horas por las tierras de Palestina, olvidándose hasta de comer y de dormir y por eso a veces los apóstoles tenían que decir: ¡Despídelos que cae la noche y no han comido nada en todo el día! ¿Os acordáis, antes de la multiplicación de los panes y los peces? Eso sólo se hace –olvidarse del cansancio, del calor, de la comida y del sueño- cuando estás detrás de alguien con quien lo estás pasando muy bien, con el que estás feliz, eso nos demuestra que quien nos espera en la Eucaristía es alguien con quien se puede estar muy a gusto, también humanamente, era un hombre de buen sentido del humor, incluso el evangelio, que es un relato a veces tan corto en la forma de decir las cosas, conserva algún rasgo del buen humor de Cristo. ¿Os acordáis cuando estaban los apóstoles en una barca?, en medio del agua, preocupados por el agobio de la noche y aparece Cristo andando sobre las aguas y como un detalle de sorna nos dice el evangelista que mientras los apóstoles gritaban asustados, porque creían que era un fantasma, Él hizo ademán de pasar de largo, les gastó una broma, luego, inmediatamente, volvió y los tranquilizó, les gastaba bromas porque eran sus amigos y con los amigos se gastan también bromas, para hacer más atractivas las situaciones de contacto, y era una persona que sabía querer, se preocupaba y se ocupaba de todos aquellos que, a su alrededor, amigos o no amigos, conocidos o desconocidos, lo pasaban mal. Un día ve a una viuda triste porque se le ha muerto su hijo, la viuda de Naín y, sin que nadie se lo pida, resucita a su hijo, lo hace espontáneamente porque le preocupa aquella viuda, lo dice el evangelio: porque la vio triste y quiso evitar su tristeza, ese es el que nos espera en la Eucaristía, alguien que no quiere vernos triste y que nos va a echar una mano para remover las causas de nuestra tristeza, que a veces agobia nuestro corazón.
Y era terriblemente compasivo, a veces somos tan tontos los seres humanos que nos asusta acercarnos a Dios cuando comprobamos nuestras miserias y pecados, no nos damos cuenta que es cuando más cerca está de nosotros, cuando más quiere que nos acerquemos a Él, porque sabe que metemos la pata y no por eso deja de querernos, nos quiere más, siempre que seamos capaces de rectificar y pedir perdón. Él fue capaz de perdonar a todo el mundo, a la adúltera: “Vete y no peques más”. Los demás querían apedrearla y Él la perdonó. A Pedro, que le negó tres veces.
Dice San Pablo en una de sus cartas que una de las primeras apariciones de Cristo resucitado fue a Pedro, a solas, como dos amigos que se reconcilian. ¡Qué fácil es imaginar la conversación! Cristo dándole un abrazo y perdonándole por su traición y Pedro pidiendo perdón sin saber cómo hacerlo, y, tan amigos y para siempre. Ese es el Jesús de la Eucaristía, alguien que perdona, que sabe querer, que está por encima de nuestras propias miserias, porque las conoce, porque nos quiere a pesar de ellas y con ellas si hace falta. Ese es el Jesús que nos espera en la eucaristía siempre, al que merece la pena acompañar.
Los adoradores para ir a adorar abandonáis vuestro hogar, unas horas nada más, pero lo abandonáis y a veces eso puede ser más o menos, o mejor o peor entendido en la familia, pero yo os aseguro a todas las familias de los adoradores que es una buena inversión. Que papá o mamá vayan un tiempo a adorar a Cristo, porque quién está cerca de Cristo adquiere allí con Él hábitos muy saludables para hacer familia, porque al lado de Cristo se aprende a mirar con cariño a los demás, se aprende a escuchar, se aprende a compartir las preocupaciones, eso es el diálogo eucarístico, y eso es lo mismo que sucede en el seno de la familia. En el seno de la familia nos queremos, nos queremos los cónyuges entre nosotros, queremos a nuestros hijos y nuestros hijos nos quieren a nosotros. Y para quererse hay que rozarse, hay que dedicarse tiempo, hay que estar juntos, hay que escucharse, hay que compartir las preocupaciones, las alegrías, los sinsabores, lo mismo que hacemos cuando estamos con el Amor de los Amores ante la Eucaristía, por lo tanto, estando adorando a la Eucaristía, estamos creando en nosotros los hábitos que nos ayudan a hacer familia y, haciendo familia, estamos creando en nosotros, también, las actitudes personales que permiten luego adorar y hablar con Cristo con calma. ¿Qué hacemos cuando estamos ante la Hostia Santa? No es lo relevante si hablamos o si no hablamos, si recitamos una oración u otra, estamos queriéndonos y dejándonos querer, eso es lo más importante, mirarle y dejar que nos mire, sentir su presencia y dejar que Él sienta nuestra presencia. Incluso aunque nos adormilemos, porque son altas horas de la noche, porque estamos cansados por el duro trabajo del día y los agobios que nos han ocupado durante las horas de sol, incluso dormitando en la oscuridad, delante del Sagrario, se le quiere, como esos perrillos que pueden dormitar a los pies de su amo sentado en un butacón, le están haciendo compañía aunque dormiten, no pasa nada, es humano, pero está allí y lo vemos, repito, y nos ve, y lo queremos y nos quiere, eso es lo más importante. Eso es un tesoro para el mundo, acompañando a Cristo en la Eucaristía mantenemos vivo lo mismo que Él hizo en su paso por la tierra hace dos mil años: estar con nosotros, hablarnos del Padre, mostrarnos cómo es Dios, darnos criterios sobre los problemas, ayudarnos a resolver nuestros problemas, demostrarnos que Dios nos quiere de forma individualizada a cada uno.
Por eso los adoradores sois una pieza esencial del mantenimiento de este mundo, porque os ocupáis de lo más importante, de materializar, en esas horas que pasáis con Jesús en la Eucaristía, la realidad de que Dios nos ama y nosotros amamos a Dios, eso es lo que sostiene al mundo, a veces podemos pensar que el balance de una época turbia como la nuestra es muy negativo, y no es verdad, todos los días el balance del bien, supera con mucho en este planeta al balance del mal, porque hay un sumando en el bien, que es el sacrificio eucarístico, que supera todas las maldades de que somos capaces todos los seres humanos juntos, por lo tanto, estar al lado de Jesús Eucarístico, es contribuir a la esencia del bien del mundo: hay que mantener esto.
Cien años son muchos para la sección de Arjonilla, pero hay que garantizar otros cien, por eso, tenemos, a base de mucho amor y de formación de los más pequeños, que garantizar los próximos cien años, y eso es un papel esencial de la familia. En la familia educamos por amor, cuando a veces, en los debates públicos los padres reivindicamos el derecho de educar a los hijos en libertad, no estamos reivindicando sólo un derecho formal y constitucional, estamos reivindicando que se nos deje seguir queriendo a nuestros hijos. Yo, porque quiero a mis hijos quiero que sean buenos y felices y sé que sólo serán buenos y felices si puedo transmitirles el patrimonio moral que les va a permitir construirse como buenas personas, como buenos cristianos, y, si yo renunciase a transmitir ese patrimonio moral a mis hijos, estaría renunciando a quererles, sería tanto como afirmar que no me importa que sean buenos o malos, que sean felices o infelices y por eso, desde muy pequeñitos, en la familia, los padres, con nuestra palabra, aunque los hijos todavía no la entiendan, con nuestra sonrisa, con nuestro ejemplo, más adelante con nuestras explicaciones, con las conversaciones que mantenemos con ellos, intentamos transmitirles todo el bagaje moral que creemos que es necesario para que sean cristianos cabales, buenas personas y por eso tenemos que hacerles desde pequeñitos, en la familia, vivir una gran connaturalidad con Dios y también con el Dios Eucarístico. Es ahí en la convivencia elemental con los padres de familia, donde los niños tienen que aprender, desde muy pequeñitos, que Dios forma parte de la familia, que Dios es un amigo más, que con Dios se cuenta, que a Dios se le visita, con Dios se está. Con Él se habla, eso es lo que las familias tenemos que transmitir fundamentalmente a nuestros hijos. Dios tienen que encontrárselo nuestros hijos, en nuestras vidas, con la misma naturalidad con que encuentran a los abuelos, los recuerdos familiares y los amigos de papá y de mama, porque Dios es un amigo de papá y de mamá que así se convierte en un amigo también de los niños y por eso deben acompañarnos a verlo durante la Eucaristía, aunque no entiendan nada, pero saben que ahí, en esa cajita, está alguien muy importante para sus padres y al que aprenden a querer y a saludar, desde muy pequeñitos. Ir haciendo que los niños absorban, desde pequeños los amores que nosotros tenemos, y máxime si es el amor más importante que tenemos, como el amor a Dios, es fundamental, forma parte de las exigencias de la familia como razón de ser. Si en la familia no enseñásemos a nuestros niños a aceptar a Dios como a un amigo, como un miembro de la familia, desde pequeños, a visitarle en la Eucaristía como el amigo que nos espera, estaríamos privándoles de algo de lo más valioso que podemos poner en sus manos.
Por eso, yo os animo, adoradores, a proyectar también en la familia la dimensión de adoración, de vuestro compromiso con la Adoración Nocturna, en la familia tenéis que hablar, con naturalidad, de ese Jesús al que venís a adorar a la iglesia, y debéis hablarle a vuestros hijos de ese Jesús al que queréis aquí en la iglesia y debéis ayudarles a que se vayan haciendo amigos suyos desde muy pequeñitos. Hace poco, en una conferencia, me preguntaba una señora –era una conferencia sobre educación-, estaba sentada en la primera fila, con un cochecito de bebé, con una niña de poquitas semanas por lo que se veía, me dijo: ¿Cuándo cree usted que debo empezar a hablar a mi niña de Dios? Y yo le dije: Yo creo que ya. No entenderá nada, pero también usted le habla ahora de papá y le dice papá va a venir, papá se ha marchado, papá viene, ella no sabe quién es papá, no entiende, pero si usted le habla de papá, ya en sus primeras percepciones, cuando empiece a entender algo empezará a quererle. Pues con Dios lo mismo, hay que hablarles porque forma parte de la familia como papá y mamá, cuando todavía no entienden y así, cuando empiecen a entender formará parte de su vida con toda naturalidad.
La vida humana es biográfica, se desarrolla en el tiempo, no es estática y parte de esa biografía es la familia, es el trabajo, nuevas relaciones, que basadas en el amor se abren a la vida y permiten la transmisión del patrimonio moral e intelectual que es el bagaje de los cónyuges, meter a la familia en la adoración Eucarística y hacer que esta forme parte de las amistades familiares creo que es una de las labores fundamentales que tenemos hoy día como responsabilidad los padres de familia.
Tenemos que hacer que Dios, presente en la Eucaristía, este presente también en nuestros hogares y podemos hacerle presente si lo llevamos en el corazón, si lo llevamos en la palabra, si forma parte de verdad en nuestra vida, si no es un accidente horario o secundario de un día a la semana. Si es así, con naturalidad, los chicos, las nuevas generaciones se acostumbrarán a quererle, a conocerle, a tratarle y estará garantizada la transmisión de la fe. No cabe la perpetuidad de la Iglesia y la transmisión de la fe sin la familia, ya desde los primeros cristianos los padres de familia fueron los que anunciaban el evangelio a otros, en los Hechos de los Apóstoles tenemos el relato y la referencia de muchos de ellos Aquila y Priscila, la madre de Timoteo, que transmitían a sus hijos la fe, que acompañaban a los apóstoles. A los presbíteros, que los encargaban ellos de evangelizar. Nosotros que acompañamos a Cristo en la Eucaristía porque le queremos, precisamente porque le queremos, tenemos que preocuparnos también de transmitir ese conocimiento, de alguien tan bueno, a las personas que nos rodean; no podemos guardarnos ese tesoro para nosotros mismos, sería una inmensa traición a todos nuestros conocidos y amigos, si les ocultamos que aquí está la fuente de la felicidad, que aquí está el secreto mejor guardado de cómo humanizar a nuestra sociedad, de cómo sacar de cada uno de nosotros lo mejor que tenemos. Quienes tenemos la suerte de haber recibido la fe, no podemos ocultar este gran tesoro a los demás, tenemos que mostrarlo.
Por eso, la adoración tiene que convertirse luego en palabra en la vida. Los seres humanos tenemos todos, por poco importantes que nos consideremos, por poco cultos que seamos, por pocos medios económicos que tengamos a nuestro alcance, un inmenso poder para transformar la sociedad en la que vivimos, es el poder de la palabra, es el poder de hablar, porque hablando cada uno de nosotros, nos metemos literalmente en el interior de la cabeza y el corazón de los demás, es decir, entramos allí, en ese reducto de la intimidad donde se forman las convicciones intimas, donde se configuran los afectos, donde se crean las actitudes morales, y entramos con poder de modificación, ponemos nuestra mano, nuestra palabra en el corazón y la cabeza de los demás, para poder suscitar en ellos los afectos que merecen la pena, los amores que limpian el corazón, las ideas que iluminan la vida y todos, todos los días hablamos con mucha gente, ¡cuánto podemos ejercer este poder de la palabra si hablamos bien de las cosas buenas, si hablamos bien de lo que merece la pena, para hacer más buenos a los que nos rodean!
Y uno de los primeros bienes, porque es bueno, del que debemos hablar bien con los demás es de Jesús, el gran bien, tenemos que mostrarlo a los demás, porque le conocemos debemos hablarle de Él a las personas que conocemos. ¿Recordáis aquellas escenas del evangelio del comienzo de la vida pública de Jesús?, Juan bautiza a Jesús en el Jordán y se lo enseña a sus discípulos: ese es el Mesías. Y sus discípulos van con Él, los primeros, Juan y Andrés. Si no me falla la memoria y están con él una tarde entera charlando, hasta el anochecer, lo recuerda Juan en su Evangelio: “horas de conversación con Jesús”, y salen enamorados de Él, claro. Cuando uno charla con alguien muy bueno, le quiere, es inevitable y como le quiere, inmediatamente empiezan a hablarle de Jesús a sus amigos, Andrés se lo cuenta a su hermano Pedro “he encontrado al Mesías, ven que te lo presento” y así va corriéndose la voz y así se forma el círculo de los primeros discípulos, amigos de los amigos que han conocido a Jesús. Esa misma dinámica de : “he conocido a alguien estupendo, Jesús de Nazaret”, ven conmigo a conocerlo, que merece la pena, debéis vosotros, los adoradores, crearla a vuestro alrededor, hablarle a los demás de ese amigo que tenéis ahí escondido, de ese amigo que llena vuestra vida y puede llenar la vida de los demás.
No podéis ocultar ese gran tesoro, que es lo que necesita la humanidad. Cuánta gente hoy día, a nuestro alrededor, por desgracia, también en esta, antiguamente cristiana España, no sabe nada de Jesús, es más, cuánta gente cree que lo sabe ya todo y que por eso sabe que no merece la pena porque le han enseñado tres tópicos, tres barbaridades sobre la Iglesia, sobre la vida de Jesucristo hay muchísima gente a nuestro alrededor que no sabe nada de este Jesús de Nazaret al que nosotros queremos, por tanto tenemos que hablarle de Él, tenemos que contarle cómo es, lo que puede darnos, lo que nos quiere, lo que ha hecho por nosotros, porque a lo mejor, si no se lo contamos nosotros, nadie más está tan cerca de ese amigo, de ese pariente para poder contarle eso que nosotros, por cobardía, por pereza, por no meternos donde creemos que nadie nos llama, no somos capaces de contar. Una persona que le oculta a otra que ha conocido a alguien excelente, está siendo traidor a aquel al que se lo oculta y a sí mismo; porque el amor es expansivo, de aquello que nos llena el corazón, hablamos, y por eso, de Jesús, si nos llena el corazón, si después de acompañarle, en nuestra Adoración Nocturna, ante la Hostia consagrada, nos ha llenado más el corazón de amor, tenemos que hablar con los demás, por eso, la Adoración Nocturna no se queda en algo solipsista, en algo secreto, nocturno, para pocos, en un lugar oscuro en la iglesia, al revés, tiene que proyectarse con naturalidad, en la calle, en el día, en la vida, en las relaciones humanas y sociales, sino no tendría ningún sentido.
Cristo vino a la tierra y se quedó ahí escondido para eso, para que le conozcamos, para que todo el mundo pueda verle y entenderle y, a través de Él, al Padre y al Espíritu Santo. A veces, los apóstoles se enteraban de pocas cosas de lo que les decía Jesús, como nos pasa a nosotros y una vez, Felipe le dijo: enséñanos al Padre y ya nos basta, y le dijo: Felipe, quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Por lo tanto, cuando estamos ahí con Él, con Jesús, también estamos con el Padre y al Espíritu Santo, porque son uno, y viendo y tratando a Jesús, vemos y tratamos al Padre y al Espíritu Santo y entramos en la intimidad gozosa de lo que es la vida familiar de la Santísima Trinidad, porque la Santísima Trinidad es una familia, son tres que se quieren y viven juntos, por eso la familia también forma parte del ser humano, porque somos imagen suya. Dios no es un ser solitario, egoistón, es una realidad amorosa, el Padre quiere al Hijo y el Hijo quiere al Padre, lo dos quieren al Espíritu Santo y el Espíritu Santo es el cariño de los dos. Hay una vida familiar rica y plena en la que nosotros podemos entrar, formando parte de esa familia, es lo que va a ser la vida en el cielo, de alguna manera lo adelantamos ya cuando estamos aquí ante la Hostia Santa, estamos ante Jesús y con Jesús ante el Padre, y con el Padre con el Espíritu Santo y formamos parte de esa familia, nos metemos en el diálogo intimo de los tres, hablamos con ellos, colocamos nuestro mensaje en esa conversación familiar.
Un santo del siglo XX, San José María dijo que para él la Eucaristía todos los años era Betania, aquel sitio, recordáis los evangelios, al que iba Jesús, de vez en cuando a descansar, a casa de un buen amigo, Lázaro, y sus dos hermanas, Marta y María y allí se sentaba a pasar ratos charlando con ellos, de tertulia, porque estaba con los amigos y estaba a gusto. Pues, para nosotros, el Sagrario y la Hostia Santa son también Betania, un sitio de familia, donde estamos, podemos estar, si queremos, de tertulia con Jesús y le oímos sus explicaciones, y le preguntamos, y le escuchamos, y le contamos, estamos, eso, en la vida familiar de Dios, y la vida familiar de Dios, se ha ampliado desde hace unos siglos a alguien que tenemos cerca de nuestro corazón, que es la Virgen María. Donde está Jesús, está María. Ese cuerpo que adoramos en la Eucaristía, es el cuerpo que se formó por obra del Espíritu Santo en el seno de María y esa sangre que se consagra en la Misa, es la sangre de María, seguro que ese cuerpo y esa sangre genéticamente eran, sin más, los de María, cómo va a estar ella lejos, y por tanto cuando nos acercamos a la Eucaristía nos metemos en la intimidad de la vida familiar de Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo y estamos también con la Virgen, hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo, como una madre que nos quiere, que se preocupa de nosotros, como se preocupan las madres.
Decir que la Virgen María es madre no es una afirmación poética, una metáfora, es una realidad, ella es madre porque aceptó el mandato de ser madre nuestra, al pié de la Cruz: Ahí tienes a tu Hijo, ahí tienes a tu madre, y nos quiere como queréis las madres y, ¿cómo queréis las madres? Sin límite, al margen de cómo se porten los hijos. Os dais porque se os necesita, sin esperar nada a cambio, hasta que os muráis, así nos quiere la Virgen también, se vuelca con nosotros, está pendiente continuamente, con amor de madre, de cada uno, no de todos, de cada uno, como quieren las madres. `Porque sólo sabemos los padres y las madres que el corazón se amplía al número de hijos que tengamos. Puede parecer que al principio no puedes querer como al primero a los demás, por supuesto, puedes quererlos a todos con la misma intensidad, pues, si eso nos pasa a los seres humanos, le pasa con más razón a Dios y a quien está tan cerca de Dios: a la Virgen. Por lo tanto la Virgen nos quiere como madre, tenemos que pedirle que nos ayude a saber cómo tratar a su hijo en la Eucaristía.
Si no sabemos cómo hablar con Él, o nos da corte porque Dios es muy trascendente, acudamos a María que es más cercana y ella nos puede enseñar cómo tratar a su Hijo, qué cosas le gustan, cómo acercarnos a él, cómo abrir una conversación en los temas que a Jesús más le interesen, por lo tanto, la Virgen María puede ser la gran puerta abierta, porque también está presente en la Eucaristía con su hijo, a esa conversación que, a veces, quizás, no sabemos cómo iniciar, con su hijo, quizás, nos pueda parecer más mayestático, y tengo que pediros, y con esta consideración voy a ir concluyendo, que en esas horas que paséis al lado de Jesús Sacramentado, os acordéis de la familia, que pidáis, porque la familia es una realidad humana valiosísima y gustosísima, que sigue estando presente hoy, como siempre, en la historia, en la vida, en la ilusión y en la perspectiva vital de la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, pero, también es verdad, que hoy día, la familia debe enfrentarse, nuestros esfuerzos personales por hacer familia deben enfrentarse a unas dificultades específicas de nuestra época, no sé si mejores o peores que las de otras épocas, no merece la pena comparar, nuestra única época, importante para nosotros, es esta, porque es la nuestra, mejor o peor que las pasadas o futuras, es indiferente, esta es la nuestra, esas dificultades específicas, a veces, para algunos de los que nos rodean, se hacen difíciles y hay muchas personas que les gustaría hacer familia, que lo intentan, pero que por falta de convicciones familiares, no son capaces de hacerlo, porque nadie les ha enseñado que se puede amar para toda la vida, porque nadie les ha enseñado que merece la pena transmitir la vida, porque nadie les ha enseñado que es posible un proyecto compartido de amor, que trabe a las personas, que sea fecundo y que dure en el tiempo. Hay que rezar por esa gente a la que nadie ha enseñado que la familia merece la pena, para que descubran mirando a otras familias, que sí es posible y que merece la pena. Y hay que rezar también por aquellos que no entienden a la familia, esas personas imbuidas de extrañas ideologías y visiones del género como contrapuesto a la sexualidad, que no logran entender que hombre y mujer somos complementarios, que podemos querernos, que de la de la trabazón íntima de nuestra donación vital del uno a la otra y de la otra al uno, surge algo estupendo que es la vida y que dar vida merece la pena, con generosidad, no os olvidéis, cuando estéis con Jesús, de decirle que se acuerde también un poquito de la familia, de la familia en general y de las familias en concreto: de esos padres, de esas madres, de esos hijos, que están en nuestra sociedad, a nuestro alrededor, intentando hacer familia y, que, a veces, encuentran dificultades, incomprensiones que no saben cómo superar.
Jesús amaba mucho a la familia, la prueba es que pudiendo nacer como quisiese, nació en una familia, quiso tener una madre y un padre, no un padre al modo en que lo somos los humanos, San José, pero al que llamaba papá y que ejerció las funciones de padre y al que respetó como padre y del que aprendió todo de pequeño, como aprenden los niños, de su padre. Y tuvo una madre a la que llamaba mamá y a la que quería, de la que se preocupó toda su vida, incluso en el momento de la muerte, buscando a quien la cuidase. A Juan, discípulo amado. Y le gustó estar rodeado de familias. Su primera aparición pública fue en unas bodas: las bodas de Caná y seguro que lo pasó estupendamente allí, y, cuando su madre le pidió que hiciese algo excepcional, un milagro, lo primero que hacía, lo hizo sólo para que dos novios el día de su boda no lo pasasen mal, no quedasen mal ante los de su pueblo, quedándose sin vino el día de la fiesta, tanto le importaba eso y cura a la suegra de Pedro y se preocupa de una madre viuda. Tenemos muchos gestos de amor a la familia por parte de Jesús. Por tanto podemos acudir a Él que entendía la familia, que vivió en familia y que amaba en familia para que nos ayude hoy día. Démosle la lata por ello ante la Hostia consagrada para que nos ayude a que la familia recupere fuerza en nuestra sociedad, para que las familias nos volvamos a rearmar moral e intelectualmente para educar, para transmitir la fe, para no dejar arrasar nuestras convicciones más íntimas por el vendaval de ideas estúpidas que pululan a nuestro alrededor en una tan global y pluralista como la nuestra. Alrededor de Cristo Eucarístico se pueden generar, si de verdad le queremos, si nos dejamos querer, si le contamos nuestras cosas y escuchamos las suyas, los mejores valores que nos permitan regenerar nuestra sociedad.
Tenéis que garantizar cien años más buscando nuevos adoradores, enseñando a vuestros hijos a ser adoradores, para que esta estupenda tradición de la Adoración Nocturna en Arjonilla, y fuera de Arjonilla, siga adelante por el bien de la Iglesia y por el bien de la Humanidad.
Muchísimas Gracias.
Bien, yo creo que ya todo está dicho, se han dicho cosas maravillosas, solamente quiero agradecer, en primer lugar, a todas las secciones que han venido de otros pueblos, pero quiero agradecer también públicamente, muy efusivamente al pueblo de Arjonilla, no sólo por la participación – estoy emocionado por lo del himno y esas cosas- por la económica, porque la espiritual os la agradecerá Dios algún día.
Quiero agradecer también a Pepe Marchá públicamente, por ese maravilloso trabajo que ha hecho, y quiero agradecer a la gobernanta Lola, que está aquí a mi derecha

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