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31 años no es nada…

31 años no es nada…
Septiembre de 1980, comienza el curso y en el aula de la derecha del antiguo grupo escolar, hoy Casa de la Cultura, nos reunimos por primera vez el claustro, en su mayoría joven y recién llegado a la localidad e intercambiamos las primeras impresiones. Tras un arduo debate, que duró más de una sesión, finalmente, salimos con nuestros grupos y nos ubican en el castillo. Desde ese momento empieza una amistad con los defectos y virtudes que tienen todas las amistades.
Y, llegados a este punto, es preciso darse cuenta de lo curiosa que es la vida: Una serie de personas, desconocidas entre sí, con diferentes orígenes, formación, edades, aspiraciones y experiencias, coinciden en un centro, conviven, colaboran, discrepan, discuten, hablan, dialogan y con ello, en una palabra, se influencian recíprocamente de modo irreversible y permanente. Ninguna de nuestras vidas es ahora la misma que antes de entrar en la enseñanza. Y ello no se debe a los papeles o a las máquinas o a los muebles o a las aulas o a las normas de trabajo, sino exclusivamente a las personas. Todos nos influenciamos permanentemente unos a otros, todos somos maestros y todos somos discípulos. Y esa es la verdadera grandeza de la vida: Que, al margen del papel que representemos, es decir, del puesto que ocupemos, estamos influyendo en los demás, positiva o negativamente. De ahí la responsabilidad de los jefes, cuyos pensamientos, palabras y obras pueden influir, para bien o para mal, en más personas.
Retomo los primeros momentos de nuestro encuentro, recuerdo que una tarde Don Diego y yo jugábamos un partido de tenis, en aquella “tierra batida” que era el descarnado y pétreo suelo de aquel recinto lleno de chinas, cuando, de repente, apareció un personaje barbilampiño que nos jaleaba las jugadas y hacía jocosos comentarios, mosqueándonos porque no sabíamos de quien se trataba, aunque su voz nos parecía familiar. Al cabo de un rato, por fin, descubrimos que se trataba de ti, creo que desde que te conozco ha sido la única vez que te has afeitado la poblada barba, lo que hizo que pasáramos un rato de risa por nuestra mala intuición fisonomista.
Después participamos en muchos proyectos educativos y se pasó nuestra vida escolar entre momentos, mayormente buenos. Recuerdo las excursiones de un día, los viajes de fin de curso a Cataluña, los dúos en el pasillo del autobús y, especialmente, nuestro periplo por Estrasburgo, como colofón del trabajo de un magnífico grupo de alumnos y profesores.
Tenemos la enorme satisfacción de haber recibido de todos los compañeros y compañeras una influencia altamente positiva. Hemos aprendido de todos mucho más de lo que imaginamos. Quiere esto decir que, estemos donde estemos, y de modo seguro e inevitable, llevamos siempre consigo, formando parte de uno mismo, algo de cada uno de los que nos rodearon. Será una palabra, una frase, una idea, una postura, una imagen, una actitud, una voz, un chiste, un suceso, no sé lo que será, pero sí sé que todos nosotros, sin excepción, formamos ya parte de tu vida, como tú de la nuestra, para bien.
Como aficionados a la política y al fútbol, aunque en aceras opuestas, siempre hemos sabido respetarnos, y que mejor anécdota y ocasión que aquel viaje a Italia para recoger los bártulos del maestro Ruz. ¡Qué buenos recuerdos de Perpiñán, aquel Callejón del Hotel de L´Marie; tus ronquidos en el Talbot Horizont, que se veían interrumpidos por aquellas curvas de los viaductos y los túneles de los Alpes, despertándote, no precisamente asustado, sino preocupado diciéndome: ¡Qué me vas a romper el coche!
Y cómo pasábamos las fronteras sin problemas en tan difíciles tiempos, con las chanclas visibles sobre la carga, para intimidar a los gendarmes y carabinieris con el poder oloroso de las mismas.
Se me olvidaba aquella estancia en el piso de Matías, con los mosquitos con armadura de romanos y aquellas vestales negras que se paseaban desnudas y no nos dejaban dormir, aunque por lo menos nos reímos, como se rió el joven y bello amigo del maestro, Walter, cuando le contamos nuestras aventuras nocturnas con aquellos insectos.
Amigo, sé que tu corazón tiene en estos momentos los sentimientos encontrados, por una parte alegría de haberlo dado todo por la educación de los alumnos, por haber tenido la oportunidad de convivir con tantos compañeros y compañeras y haber modelado tantas generaciones de arjonilleros desde el 80 hasta ahora, por tantas experiencias, risas, regaños, castigos, alegrías y tristezas; sé que te encuentras también triste porque extrañarás los ruidos de los pasillos, a los educandos inquietos, a los calladitos, a los charlatanes, a los gallitos de pelea. Ha sido hermoso todo lo que vivimos. Han sido muchas experiencias juntos, hemos reído a carcajadas y hemos pasado momentos difíciles cuando desgraciados incidentes han roto la monotonía machadiana de nuestras aulas, pero quiero decirte que es normal tu tristeza, dejamos parte de nuestra vida, cumpliendo con nuestras obligaciones como maestros, dimos todo el cariño y el amor por esta bendita profesión y exigimos lo necesario para tratar de hacer personas de bien. Tenemos bien merecido ser homenajeados por haber logrado mucho para este centro, por el empeño en cada momento en conseguir el dominio de la ortografía, de la poesía, de las matemáticas y la geografía, cuando éramos maestros de todo. Después, con el paso del tiempo como equipo directivo he participado de tu alegría al recibir por el orgullo que sentías al recibir diplomas y trofeos de los certámenes en que sobresalían nuestros alumnos.
Imagino que no podrás evitar irte al pasado y recordar todo lo vivido, todas experiencias adquiridas, pues tu, como maestro igual aprendiste de esas maravillosas criaturas que han sido nuestros educandos, quédate con todo eso en tu mente y en tu corazón y no olvides que esto es un MERECIDO Y LARGO DESCANSO, después de tantos años en las aulas, míralo así, llénate de orgullo y de alegría por haber cumplido con esta maravillosa labor: COMO UN MAESTRO QUE MERECE TODO RESPETO DE SUS ALUMNOS, PADRES DE FAMILIA, COMPAÑEROS DE TRABAJO, DE TU PROPIA FAMILIA Y DE TODOS TUS AMIGOS QUE TE APRECIAN, TE QUIEREN MUCHO Y SIEMPRE RECORDARÁN EL CAMINO RECORRIDO JUNTOS
  ¡ENHORABUENA POR TU JUBILACIÓN!
Aurelio Ortega Barrera

Comentarios

  1. Bello y evocador texto que tuve la suerte de oírtelo en vivo durante el homenaje a nuestro querido amigo John Aquín. Es gratificante comprobar como los lazos del pasado siguen iguales de fieles y auténticos. Que sea así por muchos años.

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