Es una pena irse, esto comienza a ponerse divertido (Gay Lussac)
Pasar 30 años y un chorreón, al lado de este tío, escuchando su voz “pavarótica” en los pasillos o confundiéndolo tantas veces con Bud Spencer, no penséis que ha sido una cosa fácil, 30 años y pico en nuestra escuela, en los cuales, hemos tenido de todo, pero, ya dejando las bromas a un lado, que han sido una constante en ese largo periodo, tengo que decir en su favor que se entregó al trabajo y se ganó el aprecio, de los alumnos principalmente, que al fin y al cabo es lo que nos importa a los docentes, además del respeto del pueblo.
Su clase siempre abierta para todo aquel que lo necesitaba para lo que fuera, siendo siempre receptivo a los consejos de los demás.
A pesar de su rigidez con los alumnos perennemente ha sido amable y cariñoso con ellos, aunque estos sintieran cierto temor a dirigirse a él en los momentos problemáticos.
Entre la innumerable cantidad de anécdotas que podría citar, recuerdo la cantidad de claustros en primaria en los que hemos sentido la tensión, cuando se dirimían problemas que afectaban el orgullo personal de los compañeros, y cómo bien él o yo dejábamos caer una frase o una cita que distendía el desarrollo de la sesión. Ya en secundaria hemos pasado reuniones agradabilísimas citando o explicando los motes de las familias de nuestros alumnos y tratando de explicar su significado a los profes nuevos, aplicando una descripción oportuna a los que pertenecen al “servicio de inteligencia” a aquel que tenía cara de “Pilato”, ¿Cómo se puede explicar eso de “follonazos”, “chorri…nón” a una delicada profesora de Zaragoza o a un docto y letrado accitano? Peliagudo problema.
Recuerdo a Beatriz Gracia Paesa cuando me ponía a su lado y le decía que si era pariente del espía de los servicios secretos que entregó a Roldán o que sus notas estaban en tecnicolor y eran demasiado bajas: ¡pobreticos los alumnos!, me echaba de su lado, pero al siguiente claustro se ponía junto a mí y me pedía “un mapica”. Yo le dije un día ¿Qué te pica? Y la risa fue general y tú me azuzabas para que provocara la hilaridad aunque después me llamaras al orden.
¿Qué le has hecho a José Luis que no le habla a Manuel? O “Historia de un azulejo y unos ladrillos reserva con certificado de garantía”
Recuerdas a cierto alumno, muy querido por ambos, del que eras su tutor y a Juan Ramón, aquel calé arcoíris de la ilustración, que lo enseñaba a leer. Yo escuchaba en mi despacho cómo se desgañitaba: Paco repite: “El caballo”. Paco repetía: “El caballo”.
El caballo salta, repite Paco, “caballo el salta” –repetía
Noooo! El caballo salta
- El… caballo… salta…
Ahora. El caballo salta la valla
- Valla… salta… el caballo…
Nooooooo! El caballo salta la valla
- La… valla… salta… al caballo
¡Qué desastre de caballo!
Cuando llegó a tu clase enrojecido le dijiste: ¿Qué te ha pasado?
Que el caballo no salta.
Podría contar tantas otras, cuando dejamos a Luisa al cuidado de los alumnos en el hotel, creo que en Malgrat o tal vez Lloret y nos fuimos a una discoteca y después a un pub lleno de ingleses que defecaban las propinas en una taza de wáter con su tapadera.
Son tantas vivencias que sería interminable, treinta años no son nada, pero dan para mucho.
Bueno, ahora vas a pasar a otra dimensión, no es que vayas a engordar, aunque por la tranquilidad puede ser proclive. A la dimensión que me refiero no es otra que a la del disfrute por el deber cumplido, de pasar a ver las cosas con cierta distancia, a ocupar el tiempo y el espacio en otras fábricas
Etimológicamente se siente júbilo de verdad, te desprendes de una obligación, pero surge la añoranza en el momento de despedirse, de decir adiós, llegan los abrazos, los aplausos, en fin, el ritual que indica que es el final de una etapa de la vida. Todo parece tan sencillo solo habría que decir lapidariamente: “¡Adiós!”. Pero no, la cosa es más complicada y a la vez simple, las despedidas parece que no quisiéramos que acabaran porque la expectativa de una vida nueva está latente en este espacio en que ambas cosas se confunden.
Mas no se trata de dar en este momento un triste adiós de lágrima y llanto, ni el doloroso adiós que deja la separación, no, no estamos para eso, estamos para decirte que te adentres sin miedo en tu nuevo estado y disfrutes todo lo que puedas, con la ayuda de tu familia, de nosotros tus amigos y de Dios, que aunque algunas veces seamos escépticos siempre es providente y cuida de todas las creaturas...
Nunca pienso en el futuro - ya llegará. (Albert Einstein)
Ser feliz no es conseguir lo que deseas, es desear lo que tienes. (Garth Brooks)
¡Conservémoslo todo y que tengas una Feliz estancia en Jubilandia!
Yo estuve en el homenaje. Gracias por tus hilarantes e ingeniosas palabras.También estuve a tu lado en aquella real “Historia de un azulejo y unos ladrillos reserva con certificado de garantía” que vivimos con el ayatolá Joseili, John Aquín, Manuel, Diego y tantos otros. Un abrazo a todos los que compartimos la maravillosa época.
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